Washington, 20 de febrero de 2026 — Al participar en la reunión inaugural del Consejo de Paz en Washington, Marruecos no se limita a un papel protocolario. El Reino afirma su presencia desde el inicio de una institución que podría redefinir los enfoques internacionales en materia de paz y reconstrucción, especialmente en Gaza.
La reunión inaugural del Consejo de Paz, celebrada el jueves bajo el auspicio del presidente estadounidense Donald Trump, sitúa a Marruecos en el centro de un dispositivo multilateral inédito. Además del anuncio de una contribución de 5.000 millones de dólares para Gaza y la creación de una Fuerza internacional de estabilización, esta iniciativa ofrece a Rabat una plataforma para proyectar su diplomacia estratégica.
Expertos consultados destacan que la adhesión marroquí va más allá de la simple visibilidad política: se trata de una inserción proactiva en un marco capaz de definir normas, métodos y prioridades de una nueva arquitectura internacional.
Presencia institucional e influencia doctrinal
El experto en estrategia política Hicham Mouatadid considera que la presencia de Marruecos en el Consejo constituye un posicionamiento estratégico más que un acto protocolario. Señala que participar desde la fase inaugural permite al Reino “inscribir en el ADN del Consejo un enfoque que vincule estabilización de seguridad, reconstrucción económica y legitimidad institucional local”.
Mouatadid subraya también que el expediente de Gaza ofrece un espacio de acción coherente con el papel tradicional de Marruecos. Su capital diplomático, especialmente a través de la presidencia del Comité Al-Qods, le permite actuar como puente entre el enfoque de seguridad occidental y la sensibilidad política árabe, velando para que la reconstrucción no se desvincule de un horizonte político creíble.
El experto destaca que, aunque Marruecos no esté llamado a aportar los contingentes más visibles, puede influir en la doctrina de intervención, particularmente mediante la formación de fuerzas locales, la coordinación entre policía y justicia y la prevención de la radicalización, valorizando así una experiencia basada en el acompañamiento más que en la injerencia.
Asimismo, considera que la adhesión al Consejo de Paz refuerza la relación estratégica con Washington y ofrece al Reino la oportunidad de consolidar su estatus como potencia de equilibrio en un Oriente Medio fragmentado. No obstante, advierte que Rabat deberá calibrar su comunicación para evitar percepciones de alineamiento automático y transformar su presencia institucional en una verdadera influencia doctrinal.
Coherencia diplomática y eficacia operativa
Por su parte, el profesor de derecho público Hannoun Azeddine estima que la participación de Marruecos refleja una continuidad estratégica y no un alineamiento coyuntural. Según él, el Reino se mantiene fiel a su tradición diplomática basada en la mediación, el diálogo interreligioso y el apoyo a soluciones políticas negociadas, buscando ser actor de soluciones más que simple observador de crisis.
Azeddine señala que el hecho de que la agenda del Consejo esté centrada en la reconstrucción de Gaza otorga a esta institución una dimensión operativa real, movilizando recursos financieros, de seguridad e institucionales más allá de las declaraciones políticas. Recuerda además que Marruecos, a través de la Agencia Bayt Mal Al Qods Acharif y otros mecanismos, aporta ayudas concretas al pueblo palestino, lo que ilustra la coherencia entre sus principios diplomáticos y su acción sobre el terreno.
Finalmente, el experto considera que esta participación refleja la evolución hacia plataformas multilaterales más flexibles y pragmáticas, que permiten al Reino posicionarse en una lógica de anticipación y responsabilidad compartida. El verdadero desafío, concluye, será transformar esta ambición diplomática en resultados tangibles capaces de influir en la estabilidad regional.

