En Tanger, la celebración de Pâques reunió a una multitud impresionante de fieles que vivieron la “noche de Pascua” con recogimiento y profunda emoción.
Entre los fuegos encendidos en el patio, la entrada en una oscuridad total y el regreso progresivo de la luz a través de las velas, cada momento se vivió con intensidad. Los cantos, las oraciones y los rituales se realizaron con una precisión y una fe notables.
Una escena que normalmente solo se observa en las grandes catedrales del mundo.
Y sin embargo, aquí se impone con la misma fuerza, el mismo rigor y la misma devoción, convirtiendo esta catedral en un verdadero ejemplo a nivel internacional.

